El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que cambia oficialmente el nombre del lago Ontario a “Lago América”. La medida, anunciada desde la Oficina Oval, llega en el contexto de una escalada de la guerra comercial entre EE.UU. y Canadá, donde Washington impuso aranceles del 50% a productos canadienses por un valor de 20 mil millones de dólares, y Canadá respondió con tarifas compensatorias similares.
Trump había insinuado en sus redes sociales la intención de renombrar el lago varios días antes, señalando que la decisión era “oficial y efectiva de inmediato” y que el Departamento del Interior actualizaría el Servicio de Información de Nombres Geográficos. El lago Ontario, uno de los cinco Grandes Lagos que comparten ambos países, es el más pequeño y limita con la provincia canadiense de Ontario y el estado estadounidense de Nueva York.
La reacción canadiense fue de rechazo rotundo. La ministra de Industria, Melanie Joly, afirmó que Canadá seguirá llamándolo Lago Ontario y que no reconoce cambios de nombre impuestos unilateralmente por otro país. Además, el gobierno canadiense recordó que los nombres de cuatro de los Grandes Lagos provienen de lenguas indígenas, lo que otorga un valor cultural y histórico que no puede ser alterado por decisiones externas.
Esta no es la primera vez que Trump intenta redefinir la geografía norteamericana. En 2025, firmó una orden similar que cambió el nombre del Golfo de México a “Golfo de América”, provocando la desaprobación de México, que argumentó que un solo Estado no tiene autoridad para renombrar cuerpos de agua internacionales compartidos. La disputa también involucró a la empresa Google, que modificó el nombre en su aplicación de mapas, generando controversia adicional.
Aunque la medida parece más simbólica que práctica, tiene implicaciones diplomáticas. Canadá acusó a EE.UU. de usar el cambio de nombre como una forma de presión en las negociaciones, mientras que Trump sostuvo que la acción no era un mensaje directo, sino una respuesta a lo que describió como “estafas” comerciales del vecino del norte. El ministro de Comercio canadiense, Dominic LeBlanc, indicó que EE.UU. había retirado algunas exigencias, como el etiquetado en francés, y esperó aclaraciones constructivas para retomar las conversaciones.
El futuro de las relaciones comerciales entre ambos países permanece incierto, pero el renombramiento del lago Ontario añade un nuevo capítulo a una disputa que ya ha alcanzado mínimos históricos. Mientras tanto, los cartógrafos y plataformas digitales deberán decidir si adoptan el nuevo nombre o mantienen la denominación tradicional, reflejando la tensión entre política y geografía.
En última instancia, la controversia subraya cómo decisiones simbólicas pueden escalar en conflictos económicos y diplomáticos, recordando que los nombres de los lugares también son parte del patrimonio y la soberanía nacional.
Fuente: Bbc